Violeta Frank: el arte como puenteNota: Charlie NavarroFoto de portada: Charlie Navarro

Curadora, gestora y productora argentina entre Luxemburgo, España y el sur de Francia, Violeta Frank dirige VF Art Projects, una plataforma que diseña experiencias inmersivas y conecta el pulso del arte latinoamericano con la escena europea.

Violeta Frank habla de proyectos como quien describe paisajes. Su mapa vital es un triángulo de trayectos —Luxemburgo, España, el sur de Francia— donde la logística y la poesía conviven sin escándalo. Abogada de formación, aprendió temprano que el rigor técnico podía ser una forma de hospitalidad: negociar contratos complejos, ordenar procesos administrativos, entender la trama invisible de la logística internacional, hacer dialogar instituciones y marcas. Cuando decidió cambiar de rumbo y entrar al territorio del arte y el diseño, lo hizo llevando consigo esa musculatura del derecho. Desde entonces, su misión no fue otra que la de tender puentes: entre artistas y públicos, entre escenas culturales, entre memorias y futuros.

La vocación de puente tiene una semilla nítida. En 2011, todavía en Argentina, cofundó la Fundación Melián de Arte y Cultura Latinoamericana con una consigna tan simple como exigente: que el arte llegue a todos. Melián llevó proyectos de calidad a provincias y espacios periféricos, activó conversaciones con comunidades locales y demostró que democratizar la cultura no es abaratarla, sino producirla con más rigor, con más cuidado. Aquella escuela, la de una producción cercana al territorio, sigue operando hoy en la gramática de VF Art Projects: pensar cada proyecto como un ecosistema donde curaduría, producción y alianzas se vuelven una sola cosa.

En Europa, esa gramática encontró otra escala. Con VF Art Projects, Violeta diseñó un dispositivo curatorial que cruza culturas y tiempos de trabajo: la precisión de la planificación europea (con calendarios que miran a años vista) y la energía resolutiva latinoamericana (esa capacidad de adaptar y reaccionar ante la escasez). El resultado son proyectos que se mueven con solvencia entre instituciones, marcas y comunidades, y que asumen un criterio claro: la calidad de la experiencia artística como norte y la construcción de audiencias como tarea.

De esa sensibilidad nació Narrativas ocultas, un díptico expositivo que, primero en Luxemburgo (2023) y después en Sevilla (enero de 2025), reunió las obras de Isabel Muñoz y Susan Meiselas. Dos miradas estéticas potentes y diferentes, unidas por una temática común: la violencia contra las mujeres y el uso del cuerpo femenino como arma de guerra. Lejos de la consigna fácil, la muestra propuso relatos concretos de supervivencia y heroísmo, y encendió una conversación pública que traspasó el cubo blanco. El arte, entendido no como decoración sino como forma de pensamiento, operó allí como un lugar de cuidado y de denuncia: un puente entre experiencia estética y consciencia social.

El trabajo de VF Art Projects, sin embargo, no se agota en la sala de exhibición. Junto al exdirector artístico del Cirque du Soleil, Violeta impulsó REESCH (2022) y REESCH Évol (2024) en Esch‑sur‑Alzette, Luxemburgo: performances al aire libre que integran artistas contemporáneos, acróbatas, visuales y participación comunitaria —bailarines y estudiantes locales— para narrar simbologías e historias de la región. La función inaugural convocó a 12.000 asistentes y dejó una imagen insistente: una antigua fábrica de acero convertida en escenario, la memoria industrial transformada en rito colectivo. En tiempos saturados de pantallas, la presencia —la vibración física de un cuerpo que mira y es mirado— se vuelve una estética en sí misma.

Otra línea de trabajo eligió un territorio menos convencional: el de la alta joyería. En Bruselas, Violeta lanzó Allpa Contemporary Artallpa significa “tierra” en quechua— en colaboración con la joyería Bénédikt Aïchelé. Allí, el arte iberoamericano dialoga con creadores del Benelux en un espacio boutique que desarma protocolos sin perder refinamiento. La apuesta no es solo estética; es también estratégica: llevar la obra a ámbitos donde el espectador vuelve a ser invitado y la experiencia, cuidada en la escala, recupera lo personal. Allpa, en ese sentido, propone otra forma de circulación para el arte y otra manera de construir públicos.

Las rutas que anteceden a estos hitos son, a su modo, una pedagogía. Antes de instalarse en Europa y especializarse en dirección y marketing de industrias del lujo, Violeta trabajó en el cruce entre producción cultural y diplomacia informal, y participó en proyectos que viajaron a museos de América Latina y a ferias en geografías distantes como China, Australia, Estados Unidos u Holanda. Ese aprendizaje dejó dos convicciones operativas: que el andamiaje legal y logístico sigue siendo un cuello de botella (aduanas con marcos normativos desactualizados, costos de transporte, trámites inconsistentes) y que la clave para operar globalmente es contar con socios locales de confianza —curadores, galerías, instituciones y productores— capaces de activar redes, acompañar procesos y acercar públicos. Construir proyectos, para Violeta, es construir confianzas.

La ética de su práctica excede la escena expositiva. Desde Luxemburgo impulsó Art in Action. United for the Children of Ukraine junto a UNICEF Luxemburgo, una campaña que reunió a artistas internacionales y destinó lo recaudado a la infancia afectada por la guerra. Antes fue madrina del Hospital de Niños de Barcelona, organizando galas y ventas de obra para financiar tratamientos odontológicos. Son lámparas encendidas en medio del pasillo: recordatorios de que la cultura también es una forma de cuidado y que la creatividad puede convertirse, cuando hace falta, en abrigo tangible.

Su mirada sobre el presente opera con dos vectores: claridad y pluralidad. Violeta entiende el arte contemporáneo como representación del ahora, y defiende la diversidad de lenguajes como su mayor fuerza. La tecnología, dice, es herramienta; el fin sigue siendo la experiencia humana. Por eso valora las instalaciones —dentro y fuera de ferias o museos— como dispositivos capaces de generar impacto, nuevos públicos y conversaciones más densas. En el reverso, su afinidad con la estética del quiet luxury revela una ética de la forma: preferir la sobriedad al estruendo, la precisión al barroquismo, la sutileza al subrayado. De ahí su sintonía con diseñadores como Fabián Zitta, Evangelina Bomparola, Johanna Ortiz, Elie Saab, Azzedine Alaïa, Zuhair Murad, Carolina Herrera o Armani —y, en clave más relajada, Zimmermann—: nombres que piensan la moda como gramática visual del mundo.

En el horizonte inmediato, VF Art Projects trabaja en la itinerancia latinoamericana de la primera exposición individual del artista cubano Dagoberto Rodríguez tras su etapa en Los Carpinteros; en un proyecto de gran escala en Andalucía dedicado al intercambio iberoamericano; y en una exposición colectiva en Luxemburgo hacia fin de año que volverá a reunir artistas de la región. Son estaciones de un mismo viaje: una diplomacia cultural ejercida desde la curaduría, la producción y el cuidado de los vínculos.

Quien la escucha entiende pronto que en Violeta conviven la programadora y la anfitriona. La programadora que piensa presupuestos, cronogramas y planes de comunicación; la anfitriona que recibe a públicos nuevos y arma la escena para que el encuentro ocurra. No hay contradicción ahí, apenas un método: producir belleza con método, sostener el método con belleza. Quizás por eso su relato evita el narcisismo y rehúye de la anécdota efectista: prefiere subrayar el trabajo en equipo, la importancia de los socios locales, la necesidad de cuidar al artista y a su contexto.

Al final, lo que Violeta Frank propone es una forma de circulación afectiva: obras que viajan, sí, pero también conversaciones que se abren, ciudades que se miran en su propia historia, instituciones que arriesgan, públicos que se reconocen en imágenes ajenas. En ese movimiento discreto —entre el cubo blanco, la fábrica abandonada y la joyería que deviene sala— el arte vuelve a ser lo que siempre fue cuando se lo trata con respeto: una manera de habitar el mundo.

Más información y boletín: vfprojects.com

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