Amalia Amoedo.

Construir desde el arte.

Por FIORELLA BENAVIDES

Fotos CHARLIE NAVARRO

Hay personas que piensan el arte como algo que se colecciona, y otras, como Amalia Amoedo, que lo habitan. Su vínculo con la creación atraviesa generaciones, espacios y formas de mirar el mundo. Entre artistas, talleres, residencias y proyectos culturales, fue construyendo una manera propia de acercarse al arte; más ligada al intercambio y a la sensibilidad que a la contemplación distante. Hoy, desde la Fundación Ama Amoedo y distintos proyectos vinculados a la escena latinoamericana, impulsa conversaciones, encuentros y nuevas maneras de acompañar el arte contemporáneo.

Su historia parece tejida entre obras, memorias y afectos: su retrato por Antonio Berni cuelga cerca de niños, se formó con artistas como Nicola Costantino y Marcia Schvartz, y hoy, junto a Renata Schussheim, desarrolla una Fundación atravesada por el lenguaje y Buenos Aires.

Entre el bosque y el mar, en Casa Neptuna, su Fundación abre artistas de toda la región. Entre talleres y conversaciones, la voz de Amalia mantiene una mirada de amor al mundo. “Es que uno es un poco lo que se rodea”, reflexiona, y esa sensibilidad atraviesa su legado. ¿Acaso no es ser refinado qué tienen quienes hacen las cosas en profundidad?

En esta charla con MOLA, comparte su recorrido, su vínculo con el arte y el sentido de construir espacios donde lo inesperado puede crecer.

AMOEDO CON UNA OBRA DEL ARTISTA JORGE GUMIER MAIER DE 1990.

 
¿Te acordás del primer acercamiento tuviste con el arte?

Crecí rodeada de arte. Fue algo que mi familia siempre tuvo muy presente, especialmente mi abuelo y mi hermano Alejandro. Después, una amiga muy amiga me habló de ir a la escuela de arte y ahí empecé a involucrarme más. Es un don especial que genera la mirada, tan única y expresiva como las obras. Hoy, ya de adulta, valoro ese momento y esa guía.

¿Cómo fue para vos construir una mirada personal dentro de una historia tan fuerte?

Desde adolescente me interesó el arte y también la moda. Fui armando mi propio camino, siempre guiada por la motivación y la curiosidad de hacer lo que más me gustaba. Me formé con Nicola Costantino y Marcia Schvartz y luego con Renata Schussheim. Haber tenido maestras y amigos increíbles me ayudó muchísimo, pero también fue clave escuchar mi propia voz. Hoy por hoy, siento que mi recorrido tiene sentido y que pude construir una mirada propia.

¿Qué te interesa explorar o poner en juego cuando trabajás una pieza?

Me interesa explorar diferentes sensaciones, incorporar lo lúdico y vincular lo emocional con distintos materiales, técnicas y lenguajes. Utilizo distintos formatos como pintura, escultura, video e incluso performance. En todos me interesa conectar con mi propia historia desde lo sensorial. Al mirar hacia atrás, reconozco ciertas constantes en mi trabajo y, en el fondo, sigo orbitando alrededor de los mismos temas.

¿En qué momento sentiste que ese compromiso con el arte se transformó en una forma de vida?

Este 2025 se cumplen 20 años desde que empecé a coleccionar arte contemporáneo de la Fundación Ama Amoedo. El acompañamiento a los artistas y a la escena de arte se volvió una manera independiente de muchas cosas. Sentir que desde mi rol como fundadora y productora puedo generar espacios para visibilizar y acercar el arte a otras personas cambió mi forma de entender la cultura. El compromiso se transformó en algo cotidiano.

¿Qué te mueve a apoyar un proyecto o una carrera? ¿Qué te hace conectar con un artista?

Lo que me interesa desde un principio con la Fundación es la posibilidad de generar diálogo, de acompañar procesos artísticos. Es fundamental brindar herramientas a un artista para la producción de su obra, a un editor la publicación de un libro, a una institución para realizar una muestra o a un curador para la investigación de nuevos temas. Acompañar e intentar construir espacios para que el arte llegue a más personas es una parte importante de mi trabajo.

¿Cómo nació la Fundación Ama Amoedo y qué buscás con ella?

La Fundación nació del deseo de dar un paso más y crear una plataforma que contribuya a potenciar y dar mayor visibilidad al arte latinoamericano. Hoy siento que es una estructura profesional con un compromiso muy grande por generar redes en torno al arte de la región. Con la residencia artística FAARA invitamos a artistas de toda Latinoamérica y les otorgamos tiempo y espacio para concentrarse en realizar sus obras en Uruguay. De esa manera buscamos generar conversaciones relevantes entre artistas y distintos profesionales del arte. En pocos años pasamos de apoyar proyectos puntuales a trabajar de manera sostenida con programas y acciones concretas.

Casa Neptuna parece un espacio muy especial. Entre el bosque y el mar, ¿qué te inspira de ese lugar?

Casa Neptuna surgió con el fin de complementar la Fundación para albergar la residencia FAARA, que en 2025 ya va por su quinta edición. El artista argentino Edgardo Giménez la diseñó imaginando una casa que pudiera dialogar con el paisaje. El resultado es un espacio donde conviven arte, naturaleza y arquitectura. Es un lugar con una energía muy particular, donde suceden encuentros, cruces e intercambios muy valiosos.

¿Cómo vivís el equilibrio entre continuar un legado y construir algo propio?

Lo vivo de forma natural. Coleccionar, acompañar y construir proyectos vinculados al arte forma parte de mi vida desde hace mucho tiempo. Intento hacerlo desde una mirada contemporánea, abierta y conectada con el presente. Me interesa generar comunidad, tender puentes y seguir creando espacios donde el arte pueda crecer.

¿Con qué palabra te sentís más cómoda: artista, coleccionista, gestora o mecenas?

Me siento cómoda con todos esos términos porque representan distintas partes de lo que hago. Para mí lo más importante es seguir aprendiendo, pensar en comunidad y construir junto a otros.

¿Qué distingue al arte latinoamericano y qué desafíos tenemos por delante?

El arte latinoamericano tiene una gran potencia y una capacidad de reinvención enorme. Hay miradas únicas atravesadas por nuestras complejidades culturales, sociales y políticas. Pero aún queda mucho trabajo por hacer para lograr mayor visibilidad internacional y para fortalecer los sistemas de apoyo a artistas e instituciones. Hay muchísimo talento en la región.

¿Qué aprendizaje te gustaría transmitir a quienes están empezando en el arte?

Les diría que se animen a encontrar una voz propia, a trabajar desde la honestidad y la curiosidad. El arte necesita tiempo, compromiso y también mucha sensibilidad. Es importante sostener lo que uno quiere decir, incluso cuando el camino no es lineal.

¿Qué te emociona hoy del arte?

Me emociona cuando un artista encuentra su propio lenguaje y lo sostiene con convicción. También me conmueve ver cómo el arte genera encuentros, conversaciones y comunidad. Esa circulación de ideas, esa generosidad, es algo que me inspira muchísimo.

 

“Me conmueve cuando un artista encuentra su propio lenguaje y lo sostiene con convicción”.