Stirling en juego

Del alto hándicap a los nuevos proyectos, el polista Santiago Stirling combina tradición familiar y visión empresarial para impulsar el polo desde Uruguay hacia el mundo.

Sus primeros pasos en el mundo del polo se dieron de manera natural, casi inevitable. Y es que este deporte forma parte de la tradición familiar. Creció en Soto Grande, España, donde su padre era manager e impulsor del polo local. Los fines de semana estaban marcados por el taqueo en el club, las clases en la escuelita y largas horas de juego junto a un grupo de chicos. Su adolescencia transcurrió entre Uruguay e Inglaterra, siempre acompañado por el polo en cada etapa y geografía. 

A los 16 años disputó su primer torneo de alto hándicap, en el que Soto Grande obtuvo por primera vez la Copa de Oro. “Tuve bastante suerte en mi carrera”, recuerda Santiago Stirling. “Siempre conté con el apoyo de mi padre David y de Pelón, mi hermano, que cuando yo era chico, él ya estaba jugando los torneos internacionales más importantes”. Durante su trayectoria compartió equipo con algunos de los mejores jugadores del mundo y llegó a disputar las competencias más prestigiosas del calendario internacional como la final de la Copa de la Reina y la Copa de Oro en Inglaterra. 

Hoy, mientras continúa su carrera profesional en Estados Unidos, dirige Stirling Polo, una plataforma con base en Uruguay desde la que organiza torneos y experiencias para impulsar el desarrollo del deporte en el Río de la Plata. También lidera proyectos vinculados a la cría y venta de caballos. “Está la idea de armar un laboratorio especializado con técnicas modernas de reproducción y estoy trabajando en una aplicación para Uruguay que permita digitalizar la identificación y la documentación sanitaria de los caballos para facilitar procesos administrativos”, cuenta. Además, junto a socios y amigos, desarrolla una marca de yerba mate en Argentina y participa en un proyecto de comercialización de material genético ganadero en África del Este.

“Punta del Este es un destino que lo tiene todo: playas, gastronomía y vida social. Si logramos consolidar la temporada de polo como parte de ese atractivo, el crecimiento puede ser enorme”.

Conversar con Santiago Stirling es abrir la puerta a una mirada privilegiada sobre el polo. Desde su infancia en Soto Grande hasta su presente como profesional y empresario, recorre un camino en el que se mezclan tradición, familia y visión de futuro. En este diálogo comparte su perspectiva sobre la actualidad del polo, los nuevos nombres que están marcando la cancha, y también sobre su propio recorrido, entre torneos internacionales, proyectos de cría equina y nuevas iniciativas empresariales.

¿Qué aprendizajes te dejó la experiencia de jugar en el equipo de Adolfito Cambiaso?

Jugar con Cambiaso obviamente es una experiencia inolvidable. Es impresionante cómo logra sacar lo mejor de cada jugador en beneficio del grupo. Sabe cómo hablarte, qué decirte y en qué momento. A la vez, transmite un montón de confianza y actitud dentro de la cancha. Creo que esa mentalidad ganadora es uno de los mayores dones que tiene. Más allá de que juega como un animal y es el uno indiscutido. 

Tu apellido marcó el rumbo de tu carrera, pero ¿alguna vez te planteaste elegir otro camino profesional?

Siempre tuve muy claro que el polo, y sobre todo los caballos, son mi pasión. No me planteé elegir otro camino, aunque sí la posibilidad de vivir el polo de distintas maneras. No solo como un profesional en la cancha. Este deporte tiene un montón de facetas y hay muchas alternativas para disfrutarlo. Pero no, en ningún momento me planteé no estar vinculado al polo y trabajar en una oficina, por ejemplo.

¿Cuál es tu vínculo con la Asociación Uruguaya en este momento?

Obviamente en esta etapa estoy muy involucrado como director de Stirling Polo. Hace varios años empezamos a apostar de manera más fuerte y organizada por la selección, jugando los partidos en representación de Uruguay. Pudimos clasificar al Mundial, participar en torneos importantes como la Coronation Cup y tests matches en Estados Unidos. También estamos trabajando en conjunto con la asociación para promover el desarrollo del polo en Uruguay, sobre todo en Punta del Este, donde mi empresa se ocupa de organizar los torneos oficiales. 

¿Cómo surgió la idea de impulsar Stirling Polo y con qué objetivos?

Stirling Polo nació como una manera de canalizar toda la experiencia y el conocimiento que fui adquiriendo con los años, sumado al respaldo y la tradición de mi familia que lleva generaciones vinculadas a este deporte. La idea fue transformar ese recorrido en un servicio integral que abarque todo lo relacionado al polo: desde experiencias para jugadores de distintos niveles hasta el management de clubes, la organización de torneos, la cría de caballos y el asesoramiento en proyectos. En definitiva, Stirling Polo busca acercar el polo a más gente y, al mismo tiempo, elevar el nivel de organización y profesionalismo.

¿De qué tratan esas experiencias que ofrecen a los jugadores?

Son programas hechos a medida para cada jugador o grupo. En Argentina ofrecemos semanas completas de polo, prácticas, torneos, alojamiento y hospitalidad. Y, en Punta del Este, damos la posibilidad de vivir la temporada de verano, jugando torneos oficiales y privados con tu propio equipo, caballos, petiseros y toda la logística resuelta. Es básicamente entrar al mundo del polo con todo organizado.

¿Cómo evaluás la actualidad de este deporte en Uruguay?

Está en un momento de crecimiento. Desde la Asociación Uruguaya de Polo se ha hecho un gran trabajo en los últimos años para profesionalizar la institución, y eso creo que es clave como base del desarrollo. Hoy, el polo uruguayo empieza a ser reconocido también a nivel internacional, no solo por los jugadores que han surgido, sino por el crecimiento y la calidad de los torneos que se organizan en el territorio. Ahí veo una gran oportunidad para que Uruguay se convierta en un destino importante dentro del calendario mundial. En infraestructura también se ha avanzado mucho: tanto en los clubes del interior como en los de Montevideo y Punta del Este, se nota un progreso año a año. Por supuesto que todavía queda un camino por recorrer, sobre todo en generar más jugadores nuevos y jóvenes. Algunos clubes han sentido la falta de recambio generacional, y por eso es fundamental acercar el polo a más gente. 

¿Qué nombres creés que están destacando entre las nuevas generaciones?

Hay varios chicos nuevos que están empujando fuerte.  No me quiero olvidar de ninguno, pero por mencionarte algún nombre están los hermanos Oddo que juegan en Jacksonville y viajan mucho a Argentina, los hermanos Taranco —hijos de Jejo —, los Stirling —hijos de Pelón— y los Boismenú. También hay chicos como los Laguarda que juegan en Argentina; Salvador Cabrera, Benjamín Laguardia y Sol Varela. Hay una camada muy interesante de chicos de entre 10 y 17 años que están apostando fuerte al polo. Veo un lindo futuro para la selección uruguaya.

¿Cuáles dirías son las principales diferencias y similitudes entre el polo uruguayo y el argentino?

La gran diferencia entre el polo uruguayo y el argentino es la escala. En Argentina hay más caballos, más clubes, más jugadores. Además, en la cría de caballos hace generaciones que vienen mejorando muchísimo la raza Polo Argentino. Pero, en cuanto a pasión, tradición y amor por el deporte, creo que somos muy parecidos. El polo de Uruguay tiene una esencia muy familiar e íntima, y eso es un valor diferencial.

¿Qué se puede aprender del modelo argentino?

Se puede aprender de la organización, la profesionalización y la importancia de la cría de caballos. Pero creo que es importante que Uruguay mantenga su sello de polo cercano, comunitario y con mucho espíritu social.

¿Cómo se viene el calendario para esta temporada en Punta del Este? 

El calendario del Este viene muy cargado con un montón de polos de distintos niveles. Se arranca en diciembre con la tradicional Christmas Cup, que en principio la idea es hacerla en dos niveles, de hasta seis y 12 goles de handicap. Después, seguimos con la Copa Presidencia, que va a ser de alto nivel, de 18 goles. Vamos a estar haciendo un torneo de bajo hándicap en paralelo, de seis goles. El 2 de enero comenzamos con el Abierto Uruguayo hasta 18 goles y con la Copa Santa Cruz que es hasta 12 goles. Aparte de toda esa movida, colaboramos con la organización de torneos de menores y de la primera copa internacional David Stirling Díaz, que se va a jugar el 3 de enero. La idea es convertirla en una fecha en la que todos los años la selección uruguaya compita contra una selección internacional invitada. En paralelo está el Abierto Femenino que lo organiza el Rincón Polo en conjunto con la Asociación Uruguaya. Así que vamos a estar con actividad deportiva casi todos los días y con un gran calendario social de afterpolos, fiestas y encuentros. 

¿Sentís que Punta del Este está teniendo peso en el desarrollo del polo a escala nacional? 

Vamos por ese camino y viene siendo muy positivo. Punta del Este es un destino que lo tiene todo: playas, gastronomía y vida social. Si logramos consolidar la temporada de polo como parte de ese atractivo, el crecimiento puede ser enorme. Además, gracias a la posibilidad de poder traer caballos de Argentina, la temporada está camino a transformarse en un espacio

“La gran diferencia entre el polo uruguayo y el argentino es la escala (…). Pero, en cuanto a pasión, tradición y amor por el deporte, creo que somos muy parecidos. El polo de Uruguay tiene una esencia muy familiar e íntima, y eso también es un valor diferencial”.

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